Hoy, 25 de noviembre, coincide con mi sesión de terapia.
Un espacio donde estoy reaprendiendo a cuidarme,
a mirarme con más honestidad,
y a ser consciente de los patrones que no quiero repetir.
Tal vez no fue casualidad.
Porque hoy, 25 de noviembre,
el mundo también nos invita a hacer una pausa.
A escuchar lo que tantas veces se calla,
a mirar con más suavidad,
a nombrar lo que muchas mujeres han llevado en silencio.
La violencia no siempre llega con ruido;
a veces es un susurro que duele,
una situación normalizada,
una sombra que pesa,
una palabra que hiere sin gritar.
También es el miedo aprendido,
la duda sembrada,
el amor condicionado.
Hoy, más que una fecha,
es un recordatorio de todo lo que aún debemos sanar.
Y del compromiso profundo de erradicarla para siempre.
Porque cada mujer merece caminar sin temor,
ser escuchada sin ser juzgada,
y vivir sin encogerse para encajar.
Ojalá este día nos abrace con conciencia,
nos invite a cuidarnos mejor,
a acompañarnos más,
a romper silencios con ternura y con verdad.
Porque la transformación nace en lo pequeño:
en cómo nos hablamos,
en cómo nos miramos,
en cómo nos sostenemos unas a otras.
Que este 25 de noviembre nos encuentre
más despiertas,
más libres,
más valientes.
Por las que fuimos,
por las que somos,
y por las que serán.
🧡 Que el cuidado sea nuestro lenguaje.
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