Hace seis años que vivo en España.

Y hace apenas uno que supe que chucho se refiere a perro.
Usualmente uno sin raza, que vive en la calle.

Mi Chucho no cumple del todo con esa definición,
pero sí llegó a mi vida para mostrarme,
con su mirada y su energía,
todo lo que yo no estaba haciendo bien.

Su llegada trajo muchos cambios.
Cambios que al principio dolieron,
porque no siempre estamos preparados
para lo que no planeamos.

Cada día, Chucho me enseña algo nuevo sobre mí.
Y, por supuesto, me pone a prueba a todos los niveles.

Él ha sido mi Drishti —mi punto de enfoque—
para levantarme cada mañana
y atravesar lo que la vida me iba poniendo delante,
mientras mi energía se recuperaba poco a poco.

Sin duda, uno de los momentos más bonitos de este 2025
ha sido su llegada.
Aunque al inicio intenté no encariñarme demasiado,
la vida tenía otros planes.

A veces los mensajes más importantes
llegan en forma de seres puros y cariñosos,
como los chuchos.

Gracias, Chucho bello.
Por recordarme que el amor más grande
a veces llega sin avisar.

Deja un comentario